La historia de Ana Hernández, una de las primeras mujeres portuarias de San Antonio

Desde 2007 la sanantonina se desempeña como tarjadora y entrega apoyo de capataz en Muellaje del Maipo, mismo lugar en el que aprovecha de compartir experiencias con las trabajadoras más jóvenes.

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Imagen foto_00000001“Fui una de las cuatro primeras mujeres en integrar el sistema portuario de San Antonio y en ese tiempo fue muy complicado para nosotras, pero de alguna manera fuimos valientes”. Hace 13 años Ana Hernández (53) decidió darle un giro completo a su vida en un mercado que prácticamente estaba dominado por hombres. En San Antonio, recuerda, las oportunidades de trabajo portuario para las mujeres eran pocas e ingresar de manera definitiva no era bien visto por sus compañeros.

 

“A nosotras nos decían que teníamos que quedarnos en la casa cuidando a los hijos. No había mujeres que trabajaran a la par con hombres. Yo quería darle un futuro a mis hijos”, comenta Hernández.

 

 “Yo no soy de familia con tradición portuaria, pero estando en San Antonio me di cuenta de lo que quería hacer. Mi camino estaba en el puerto sea como sea. Un día me llegó la oportunidad y la aproveché sin pensarlo. Gracias a esto pude sacar adelante a mi familia y crecer como mujer”, dice.

 

En ese sentido, explicó que otro de los motivos que la impulsó a cambiar su estilo de vida fue la baja pensión que recibía.

 

“Todo lo que pasó fue por una necesidad. El puerto me dio las ganas que tengo ahora para seguir adelante. En esos años te criticaban por ser mujer y el trato en el puerto fue muy distinto al de los hombres, yo hacía cuatro turnos mensuales, el sistema te lo planteaba de esa forma”, recuerda.

 

Respecto a las capacitaciones, Ana explica que antiguamente las enseñanzas venían de los más experimentados “pero no nos corregían mucho en faena, por eso se cometían los mismos errores muchas veces. Tampoco teníamos donde estar en las noches frías. Ahora es distinto.”  

 

Con el pasar de los años el personal femenino al interior de los terminales fue en aumento, por lo que las medidas para su desempeño cómodo y eficiente se equipararon. Asimismo, las condiciones de los turnos mejoraron y cuentan con los mismos beneficios que el personal masculino. 

 

Ana en la faena

 

Imagen foto_00000012Para Ana los desafíos en el terminal son variados. Como tarjadora debe preocuparse que los sellos de los contenedores sean los correctos para mantener un orden en ingreso y salida de los mismos, mientras que como capataz debe encargarse de la planificación.

 

“Acá todos los días son distintos y las naves son distintas, uno no se puede confiar, hay que pensar siempre en hacer el trabajo perfecto de principio a fin. Con los contenedores no puedes cometer un error porque son toneladas”, dice Hernández.

 

Consultada por su proyección, Ana espera poder llegar al puesto de supervisora, especialidad que tiene como misión designar las tareas en faena.

 

“El trabajo portuario es muy bonito. Crecer en este sistema depende de uno y si llega la oportunidad hay que tomarla, después uno se acostumbra a todo acá. El puerto es una familia, te ve triste pero también feliz. Es una segunda familia”, concluye la trabajadora.

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